Avisa al Ejecutivo de que las empresas y las familias pueden retrasar sus proyectos de gasto si temen un incremento de la tributación. Prevé que el déficit sea del 10% del PIB el próximo año.

 

Ya empezamos. Eso es lo que deben pensar algunos de los ministros económicos del Gobierno, al leer el discurso, y el informe anual, que el gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, presentó ayer ante el Consejo de la entidad.

El gobernador advirtió ayer al Ejecutivo de que la subida de impuestos para recortar el déficit puede terminar neutralizando incluso la batería de medidas que el Gobierno ha tomado en el último año para intentar inyectar liquidez a las empresas y las familias. Medidas que, según el FMI, llegan a suponer el 4% del PIB.

El contexto de la recomendación del gobernador es el siguiente: “Debe evitarse a toda costa que las actuaciones fiscales puedan llegar a cuestionar el compromiso con la estabilidad presupuestaria a medio plazo. Esto tendría repercusiones negativas sobre el coste de la captación de recursos y la confianza en la economía española [en el exterior]”.

A continuación, Fernández Ordóñez subraya que el afán recaudatorio del Gobierno “podría, incluso, generar expectativas de subidas futuras de impuestos que podrían terminar esterilizando los efectos expansivos de las medidas adoptadas” por el Ejecutivo en la lucha contra la crisis.

Es decir, que el Gobierno debe evitar que las familias y las empresas puedan frenar sus proyectos de gasto –inversión– y, por lo tanto, prolongar la falta de actividad económica si intuyen que, además de la crisis, el Gobierno quiere subir los impuestos para recaudar más recursos.

Casualidad, o no, el gobernador pronuncia estas palabras cuatro días después de que el Consejo de Ministros aprobase sendas subidas de impuestos en el tabaco y la gasolina, y un día después de que el secretario de Estado de Hacienda, Carlos Ocaña, insinuase que, salvo un incremento del IVA, “todas las opciones fiscales están abiertas” para intentar subir los ingresos y recortar el déficit.

Fernández Ordóñez observa también que puede ser peligroso para la reactivación económica que el Ejecutivo termine quitando espacio a los hogares y las empresas en la petición de créditos. “Hay que impedir que el endeudamiento del sector público se convierta en un obstáculo cuando la economía española se encuentre en mejores condiciones para crecer”.

Y, en consecuencia, el Banco de España le dice al Gobierno que deje de gastar, porque lo que “resulta prioritario es una pronta definición de una estrategia creíble que contemple la reducción del déficit hacia niveles compatibles con la estabilidad presupuestaria, una vez que desaparezcan las circunstancias excepcionales que motivaron su incremento”. La “estrategia creíble” pasa por las reformas estructurales que, en su opinión, necesita la economía para ser competitiva y reducir el desempleo.

Debido a la política de gasto del Gobierno para luchar contra la recesión, Fernández Ordóñez vaticina que, en 2010, el déficit público puede situarse “en el entorno del 10% del PIB”, frente al 9,5% que calcula el Ejecutivo, y que la deuda pública “podría exceder el umbral del 60%”. En el déficit público, la cifra supone siete puntos más que el límite fijado por la zona del euro, y en la deuda, ése es el tope fijado.

Las reflexiones
1. La liberalización de los servicios: “Es clave” para avanzar en el cambio del modelo productivo “pues engloba a algunas de las actividades con mayor generación de empleo, más flexible, y con mayor conexión con la industria”.

2. Nuevos agentes laborales “Es necesario mejorar el funcionamiento de los Servicios Públicos de Empleo, en particular en la intermediación, incorporando a las agencias privadas de colocación”

3. Reducir las trabas administrativas: “Si la economía tuviese avances significativos en este terreno estaría en mejores condiciones de crecer cuando comience la recuperación mundial”.

4. No habrá deflación: la inflación volverá a crecer dentro de unos meses, “aunque de forma muy moderada”, cuando termine la comparación estadística con la fuerte subida del petróleo en la primera mitad de 2008.

5. Las familias se empobrecen: la recesión no sólo ha aumentado el paro en los hogares, sino que ha bajado el valor de su patrimonio inmobiliario y financiero.

6. Déficit exterior: la caída de las importaciones por el descenso del consumo y la rebaja de la factura petrolera está reduciendo el déficit exterior, con la esperanza de que en dos años “pueda reducirse a la mitad”.

Ver informe anual del Banco de España

Fuente: Expansión


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